Mateo era un hombre comun, al verlo en la calle no podías encontrar nada distintivo. Ningun tatuaje, o peinado inspirado en alguien famoso, o ropa de marca. Pero él si era distinto, porque él no quería amar.
De niño empezó con la decisión de no enamorarse, en jardín de infantes era el único chico sin novia. Muchas valientes niñas con uniforme a cuadros le declararon su amor, pero la respueta era la misma: un dibujo de crayon de él solo, sin novia.
En segundo de primaria fue otro evento raro, la señorita del grado tenía con seguridad 15 alumnos enamorados de ella. Si, lo han adivinado: ninguno de ellos era Mateo.
Pasando quinto grado, uno de las profesoras casi se desmaya al confiscar una cara de amor que Mateo le iba a entregar a una chica. Todos los docentes se asomaron al momento de leer lo escrito, era una declaración hecha y derecha. Pero, Josefina, la maestra de lengua soltó una risotada que casi le quita la vida. La letra era de la madre de Mateo, pero si iba dirigida a una alumna.
Llegada la secundaria, donde los jóvenes tienen novias y certificadas, Mateo fue entendiendo que el mundo deseaba el amor. Él eguía con intenciones de permanecer solo, pero daría un poco el brazo a torcer.
Por eso en sus primeros intentos tomó de la mano a sus compañeras, ellas no se negaban. Un hombre que no ama, vale más que veinte babosos. Pasada esa etapa se animó a besar en la mejilla a la primera chica que tomo de la mano. Todo fue bien... pero habían pasado dos años entre cada acto.
Igual estaba dispuesto a huir del amor. No se rendiría fácilmente. Por eso cuando medio equipo de voley lo arrinconó y obligó a declararse a una de ellas, optó por el camino fácil. Se declaró a la capitana (quien no etaba entre las arrinconadoras) con la intención que lo rechazara. No fue así, fueron novios 6 meses.
Pero no era amor. Empezó repitiendo lo que su "novia" hacía. Si ella lo abrazaba, él esperaba una situación similar y la abrazaba, cuando ella decía "Te amo", él también lo hacia, ese tipo de cosas. Cuando la imitación se torno algo obvia emuló escenas de novelas y comedias románticas. Hasta que despertó sospechas, y ahí repitió lo que sus amigos le contaban de sus relaciones.
Terminado el noviazgo (Mateo fue infiel) le tocó conseguir otra novia. Las chicas no lo acosaban tanto si estaba en pareja. Al parecer, había un pacto de "mujeres" de no robar el novio (Por supuesto, algunas lo violaban, las llamadas "mujerzuelas")
Fueron tres años teniendo noviazgos semestrales. Las seis chicas contaban sus experiencias, desgraciadamente eran las mismas anécdotas, como si hubieran tenido el mismo noviazgo. A lo mejor las relaciones cortas son todas iguales, porque nada importa más en el amor que el tiempo que llevan juntos.
Terminada la secundaria, en la universidad los seres románticos fueron disminuyendo, o extinguiéndose. Había que tener cuidado, ya no podía tener noviazgos tan seguidos, el peligro era que podía terminar casado. Claro, él no imaginaba peor destino.
Con el tiempo Mateo siguió esquivando el amor. No tuvo noviazgos, casamientos, ni nada parecido. Algunas mujeres seguras querían ser su primer amor, pero no tuvieron éxito.
Para los lectores optimistas, dirán que Mateo si amo, que tuvo momentos o instantes de enamoramiento. Uno no puede vivir sin amor. Pueden tener razón o estar equivocados. Yo como escritor de este relato puedo decir que amar a otros o para dejarse amar, primero hay que amarse a uno mismo. Y Mateo, señoritas, Mateo se amaba mucho.








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